parte 2Mi esposo cayó al río durante nuestra luna de miel… pero lo que salió del agua no era exactamente él

—¿Qué eres?

Ethan parecía aterrorizado de su propia respuesta.

—No lo sé.

La puerta tembló.

La voz del niño se transformó.

Ahora era la de Margaret.

—Claire.

Di un paso atrás.

—No.

—Claire, abre.

Mi teléfono vibró.

Miré la pantalla.

Margaret Hale.

Llamada entrante.

La voz seguía detrás de la puerta.

—Claire, por favor.

Ethan señaló mi teléfono.

—Contesta.

—¿Y la puerta?

— No.

Respondí.

—¿Claire?

La verdadera Margaret respiraba agitadamente.

—¿Dónde estás?

—En una iglesia.

—¿Con Ethan?

—Sí.

—¿Martha?

—También.

—Escúchame. Necesito decirte algo.

—Más le vale.

Hubo una pausa.

—Ethan no es mi hijo.

—Eso ya lo sé.

—No. No entiendes.

—Entonces explíquese.

—Cuando lo encontramos, mi equipo estaba formado por siete personas.

Afuera, la voz de Margaret seguía llamándome.

—Solo regresamos tres.

—¿Qué pasó con los demás?

—Desaparecieron.

—¿En el agua?

—No.

Silencio.

—Después de sacar al bebé.

Miré a Ethan.

—¿Qué significa eso?

—Significa que algo nos siguió.

La puerta recibió otro golpe.

—Durante las semanas siguientes, cuatro miembros del equipo desaparecieron. Encontramos agua negra en sus casas.

Miré el suelo.

—Dios.

—Yo me llevé al niño porque creí que mantenerlo lejos del río detendría todo.

—¿Funcionó?

—Durante un tiempo.

—¿Y luego?

—Empezó a enfermar.

Ethan cerró los ojos.

—Lo llevé de regreso cuando tenía siete años.

—¿Y?

—El río lo aceptó.

—¿Qué significa “aceptó”?

—Entró… y salió caminando.

Sentí frío.

—Sin ayuda.

—Sí.

Ethan miró a Martha.

Ella negó lentamente.

—Eso no es posible.

Margaret continuó.

—Desde entonces comprendí que Ethan y Blackwater estaban conectados.

—¿Por qué no cerraron el lugar?

—Lo intentamos.

—No mucho, por lo que veo.

—La empresa enterró todo.

—¿Qué empresa?

—Hale Biodyne.

Me quedé helada.

Era la empresa matriz del instituto.

La institución en la que yo había construido mi carrera.

—Todo esto…

—Sí.

—¿El instituto existe por Blackwater?

Margaret guardó silencio.

Esa fue la respuesta.

—Dios mío.

—Claire, necesito que Ethan vuelva.

—¿Al instituto?

—Sí.

Ethan abrió los ojos.

—No.

—¿Por qué?

Margaret respondió:

—Porque él es la única muestra viable.

Me quedé mirando el teléfono.

—¿Muestra?

—Claire—

—Lo llama muestra.

—No quise decir—

—Sí quiso.

Ethan sonrió amargamente.

—Ahora entiendes por qué escapé.

Margaret escuchó.

—Ethan.

—Hola, madre.

Silencio.

—Vuelve.

—No.

—No sabes lo que estás haciendo.

—Por primera vez sí.

—Sin el tratamiento morirás.

—Quizá.

—Ethan.

—Me usaste treinta años.

—Te salvé.

—Me estudiaste.

La puerta de la iglesia comenzó a vibrar.

Martha gritó:

—¡Esto puede esperar!

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