Parte 2 El sol estaba en lo más alto, quemando la tierra como….

En algo más duro.

Más peligroso.

Determinación.

Al día siguiente, pidió ver lo que estaba escondido.

Doña Refugia no se negó.

Se arrodillaron juntas.

Cavaron bajo el catre.

Y sacaron una caja.

Pesada.

Antigua.

Sellada por el tiempo.

Cuando la abrieron… Severina dejó de respirar.

Papeles.

Documentos.

Sellos.

Nombres.

El nombre de su esposo.

El nombre de Don Cástulo.

Y una palabra que lo explicaba todo:

Despojo.

Las manos le temblaban.

Había también una carta.

La leyó despacio… como pudo.

Decía la verdad.

La verdad que nadie se atrevía a decir.

Las tierras… nunca fueron de Don Cástulo.

Fueron robadas.

Con mentiras.

Con poder.

Con miedo.

Y su esposo…

murió por intentar recuperarlas.

Severina apretó los papeles contra su pecho.

Ya no era una mujer huyendo.

Era una mujer con la verdad en las manos.

Pero la verdad… también mata.

Y Don Cástulo ya lo sabía.

Esa misma noche, un joven llegó corriendo.

Sin aliento.

—Mañana vienen por ustedes…

Severina no preguntó.

No hacía falta.

Sabía quién.

Sabía por qué.

Y esta vez…

no iba a huir.

Se levantó antes del amanecer.

Preparó a sus hijos.

Guardó los papeles.

Y cuando el sol empezó a salir…

ellos ya estaban ahí.

Cuatro hombres.

Armas.

Seguridad.

La seguridad de quienes nunca han sido detenidos.

Don Cástulo bajó del caballo.

Miró la cabaña.

Y luego… a ella.

 Para obtener más información,continúa en la página siguiente

 

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