Con testigos.
Con valor.
Y con esos papeles.
La historia se corrió.
La gente empezó a hablar.
A recordar.
A perder el miedo… poco a poco.
Porque el miedo también se rompe.
Y cuando se rompe…
nadie lo puede volver a juntar igual.
No fue fácil.
No fue rápido.
Pero un día…
la tierra volvió a tener dueño.
El verdadero.
Severina no recuperó solo su casa.
Recuperó su dignidad.
Su voz.
Su lugar en el mundo.
Y Doña Refugia…
se quedó en el cerro.
Como siempre.
Esperando.
Porque sabía…
que historias como esa…
no terminan nunca.
A veces, el mundo te cierra todas las puertas… no porque no haya salida, sino porque te están empujando hacia la única que realmente importa.
La pregunta es:
Si fueras tú… habrías tenido el valor de entrar a esa cabaña?