PARTE 2: LA CARTA QUE DESTRUYÓ 19 AÑOS DE MENTIRAS

—Entonces, mientras tú vivías en Madrid, nosotros arreglábamos ese techo con nuestras propias manos. Cuando me enfermé de pequeño, mamá vendió sus pendientes para pagar al médico. ¿Y tú dónde estabas?

Gabriel recibió cada palabra sin defenderse.

Porque no tenía ninguna respuesta que pudiera reparar diecinueve años.

—No lo sabía —dijo finalmente—. Pero voy a descubrir quién hizo esto.

Adrián soltó una risa amarga.

—¿Y qué vas a hacer? ¿Darnos dinero? ¿Comprar otra casa y pensar que todo está arreglado?

—No —contestó Gabriel—. No espero que me perdones. Ni siquiera espero que me llames padre. Sólo quiero saber la verdad.

En ese instante, su teléfono comenzó a sonar.

En la pantalla apareció un nombre que llevaba décadas viendo todos los días.

Mercedes Montes.

Gabriel respondió y activó el altavoz.

—¿Ya has vendido la finca? —preguntó su madre sin saludar—. El comprador está esperando. No quiero que pierdas una oportunidad tan buena por sentimentalismos.

Gabriel miró a Isabel.

Ella se puso pálida al escuchar aquella voz.

Era la misma mujer que había aparecido en su puerta diecinueve años atrás para entregarle un sobre y destruir sus esperanzas.

—La venta está cancelada —dijo Gabriel.

Hubo una pausa.

—¿Qué has dicho?

—He encontrado a Isabel. Está viva. Y también he encontrado a mi hijo.

Al otro lado de la línea reinó un silencio absoluto.

Después Mercedes pronunció cuatro palabras que hicieron que Gabriel sintiera un escalofrío.

—No debiste encontrarlo nunca.

Gabriel apretó el teléfono.

—¿Qué acabas de decir?

—No sabes lo que estás haciendo. Esa mujer te ha mentido durante años. Vuelve a Madrid y deja que yo me ocupe de todo.

—¿Por qué me dijiste que estaba muerta?

—¡Porque era lo mejor para ti!

La llamada terminó.

Gabriel permaneció inmóvil, mirando la pantalla apagada.

Por primera vez en su vida, comprendió que quizá no había perdido a su familia por una tragedia.

Alguien se la había robado.

Y su propia madre acababa de confirmar que sabía mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Pero la mayor sorpresa llegó aquella misma noche.

Mientras Gabriel dormía en el automóvil, Adrián entró en la pequeña habitación donde su madre guardaba documentos antiguos. Había escuchado parte de la conversación y necesitaba saber qué más le habían ocultado.

Rebuscó en una caja de madera que había pertenecido a su abuela.

Debajo de unas fotografías encontró un sobre más pequeño.

No llevaba sello.

Sólo tenía una frase escrita en el exterior:

«Para Adrián. Cuando tu padre regrese.»

El muchacho sintió que el corazón le golpeaba las costillas.

Abrió el sobre.

Y comenzó a leer.

Apenas había llegado a la segunda línea cuando se le doblaron las rodillas.

Porque aquella carta no hablaba únicamente de la traición de Mercedes.

Hablaba de un accidente ocurrido diecinueve años atrás, de un hombre que había pagado para que desaparecieran ciertas pruebas y de un secreto relacionado con la verdadera propiedad de la finca.

Pero lo más aterrador estaba escrito al final.

Si Gabriel vuelve algún día, no permitas que confíe en su madre. Ella no actuó sola.

Adrián levantó la cabeza.

Desde la ventana vio unos faros iluminar el camino de entrada.

Un automóvil negro acababa de detenerse frente a la casa.

Y el hombre que descendió de él llevaba en la mano una fotografía de Isabel embarazada.

PARTE 3: EL SECRETO QUE MERCEDES OCULTÓ DURANTE 19 AÑOS

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