Colocar abundante agua en una olla grande, agregar sal y llevarla a hervor.
Mientras el agua se calienta, preparar la salsa blanca. Derretir la manteca en una cacerola a fuego medio, procurando que no llegue a dorarse.
Incorporar la harina y mezclar con un batidor de mano durante aproximadamente 1 minuto. Debe formarse una pasta uniforme y sin grumos.
Agregar la leche poco a poco, sin dejar de batir. Conviene incorporarla en varias partes para obtener una salsa lisa y cremosa.
Cocinar a fuego medio durante unos minutos, removiendo constantemente, hasta que la salsa comience a espesar.
Incorporar la crema de leche y condimentar con sal, pimienta y nuez moscada. Cocinar durante 2 minutos más y retirar del fuego. La salsa debe quedar cremosa y ligeramente fluida, ya que terminará de espesarse en el horno.
Cuando el agua hierva, incorporar los ravioles y cocinarlos durante 1 o 2 minutos menos de lo indicado en el paquete. Deben quedar firmes para que no se rompan durante el gratinado.
Retirarlos cuidadosamente con una espumadera y colocarlos en una fuente amplia. Evitar volcarlos directamente en un colador, especialmente si son ravioles frescos y delicados.
Cubrir el fondo de una fuente para horno con una capa fina de salsa blanca.
Acomodar los ravioles en una sola capa, procurando que no queden demasiado amontonados. Si la fuente es pequeña, se pueden formar dos capas.
Cubrir los ravioles con parte de la salsa blanca y distribuir un poco de muzzarella rallada.
Si se prepara una segunda capa, colocar el resto de los ravioles y cubrirlos con toda la salsa restante. Mover suavemente la fuente para que la salsa se introduzca entre las piezas.
Distribuir por encima la muzzarella y terminar con el queso parmesano rallado. El parmesano ayudará a formar una superficie más dorada y sabrosa.
Agregar una pequeña cantidad de pimienta negra recién molida sobre el queso.
Llevar la fuente a un horno precalentado a 200 °C y cocinar durante aproximadamente 15 minutos.
Encender la función de gratinado o llevar la fuente a la parte superior del horno durante los últimos 3 a 5 minutos. Retirar cuando el queso esté fundido y presente zonas bien doradas.
Dejar reposar durante 5 minutos antes de servir. Este descanso permite que la salsa se asiente y evita que los ravioles se desarmen al retirarlos.
Terminar con perejil fresco picado y servir bien calientes.
Tips y consejos
No cocinar completamente los ravioles en el agua, ya que continuarán su cocción dentro del horno.
Preparar una salsa blanca algo más ligera de lo habitual evita que la pasta quede seca después del gratinado.
Para una cubierta más intensa, se puede combinar muzzarella, parmesano y una pequeña cantidad de queso pategrás.
Si los ravioles están congelados, cocinarlos directamente sin descongelar y respetar el tiempo indicado en el envase.
Manipular la pasta con una espumadera ayuda a mantener los ravioles enteros y evita que se abran.
Para lograr una superficie bien dorada, la fuente debe colocarse cerca de la parte superior del horno durante los últimos minutos.
La receta puede prepararse con ravioles de ricota, espinaca, pollo, carne o calabaza.
El resultado es una fuente abundante de ravioles tiernos, cubiertos con salsa blanca cremosa y una capa de queso fundido con bordes dorados y ligeramente crocantes.
Ravioles gratinados con salsa blanca y queso