—¿Multimillonario?
—Sí.
El silencio llenó la sala.
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo? —preguntó Carla.
—Tres meses.
Carla se dejó caer en el sofá.
—¿Tres meses? ¡¿Y no te diste cuenta?!
—No —respondió Lucía.
En realidad…
no quería darse cuenta.
Un Año Después
Un año más tarde.
En una pequeña playa cerca de Playa del Carmen, familiares y amigos se reunieron para una boda sencilla.
Sin prensa.
Sin socios de negocios.
Solo gente cercana.
Lucía llevaba un simple vestido blanco.
Frente a ella estaba Alejandro.
Carla lloraba discretamente al lado.
—Todavía no lo puedo creer —susurró a otra amiga.
—¿Qué cosa?
—Que mi jefe multimillonario casi salió corriendo de una cita con una maestra en sudadera.
La Verdadera Riqueza
Después de la ceremonia, Lucía y Alejandro caminaban por la playa.
—¿Sabes? —dijo Lucía—. Si no me hubiera vestido horrible aquel día… tal vez no nos habríamos conocido así.
Alejandro negó con la cabeza.
—Te habría encontrado de todas formas.
—¿De verdad?
—Seguro.
Se detuvo y tomó su mano.
—Porque desde el primer momento… lo supe.
—¿Qué cosa?
Alejandro sonrió.
—Que tú eras la única persona en el mundo que no podía ser comprada con dinero.
Y bajo el atardecer, Lucía comprendió algo.
A veces…
Las mejores historias de amor comienzan con una vieja sudadera, un pequeño café y dos personas cansadas del amor equivocado… pero aún dispuestas a creer otra vez.