Alimentó a la hija del jefe de la mafia y descubrió por qué nadie podía volver a casa…

La bebé dormía contra su pecho, tibia, satisfecha, ajena al terror que acababa de nacer alrededor de ella.

Matteo Volkov seguía inclinado frente a Elena, con aquella mirada de hombre acostumbrado a que sus decisiones fueran obedecidas antes de ser entendidas.

—Usted ya no puede volver a casa —repitió.

Elena sostuvo a la niña con más fuerza.

No como si quisiera desafiarlo.

Como si el cuerpo pequeño que acababa de alimentar fuera lo único real en una cabina llena de amenazas.

—No soy su propiedad —dijo.

Uno de los guardaespaldas levantó apenas la cabeza.

La azafata dejó de moverse.

Nadie le hablaba así a Matteo Volkov.

O, si alguien lo hacía, no solía seguir respirando con tranquilidad.

Matteo no se enfureció.

Eso la asustó más.

La furia era humana.

Aquella calma parecía una puerta cerrándose desde adentro.

—No he dicho que lo sea.

—Entonces no me diga adónde puedo ir.

—Si vuelve a su apartamento esta noche, estará muerta antes del amanecer.

Elena sintió que la sangre se le helaba.

Por un instante, la frase no tuvo sentido.

Su apartamento.

Su pequeña cocina con tazas desparejadas.

La puerta cerrada de la habitación infantil.

El sillón donde había dormido muchas noches porque la cama matrimonial se sentía demasiado grande después del funeral.

Nada de eso podía estar conectado con muerte, aviones privados y hombres armados.

—¿Qué está diciendo?

Matteo miró hacia la parte trasera del avión.

Uno de sus hombres se acercó con una tableta en la mano.

No habló.

Solo giró la pantalla hacia ella.

Elena vio una imagen borrosa.

La entrada de su edificio en Queens.

La grabación de una cámara de seguridad.

Dos hombres con chaquetas oscuras entrando al vestíbulo media hora después de que ella saliera hacia el aeropuerto.

Luego otra imagen.

Su puerta.

La cerradura forzada.

Un hombre saliendo con una caja pequeña en las manos.

Elena dejó de respirar.

—¿Cómo tiene eso?

—Porque cuando una persona sube a mi avión, reviso todo lo que pueda matarla.

—Yo no subí a su avión por gusto.

Matteo la observó.

—Lo sé.

Ella tragó saliva.

La bebé suspiró dormida bajo la manta.

Ese sonido suave hizo que Elena recordara de golpe que no podía derrumbarse.

No mientras sostenía a una niña.

—¿Quiénes eran?

Matteo no respondió enseguida.

Que te guste

La Halló Bajo la Lluvia y Pronunció Cinco Palabras que Nadie Esperaba-groupp-iwachan

La Noche En Que Su Prometido La Humilló Y El Jeque La Eligió – iwachan

Mi Bebé Se Puso Azul Y Mi Suegra Dijo Que Yo Alucinaba – iwachan
Cuando lo hizo, su voz perdió parte de la dureza.

—Hombres de Viktor Sokolov.

El nombre no significaba nada para Elena.

Pero todos en la cabina reaccionaron como si el avión hubiera perdido altura.

—¿Quién es Viktor Sokolov?

—Un hombre que cree que mi hija no debería estar viva.

Elena miró a la bebé.

El sueño de la niña parecía demasiado inocente para una frase así.

—¿Por qué?

Matteo apartó la mirada.

Para obtener más información,continúa en la página siguiente

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *