PARTE 2 Elena leyó la carta sentada frente a la puerta de terapia intensiva, con las manos tan frías que apenas …
Arturo tomó el celular de Diego antes de que Valeria pudiera acercarse. Un técnico logró recuperar una grabación realizada 2 semanas antes. En el audio se escuchaba a Valeria hablando con su hermano dentro del departamento. —Diego ya sospecha —decía ella—. Hay que sacar el dinero antes de que cambie todas las claves. Cuando la transferencia pase, yo me voy. No pienso seguir casada con un hombre que solo sabe trabajar y que pregunta por cada peso. Después, su hermano le preguntaba si no le preocupaba que Diego enfermara por tanta presión. Valeria se rio. —Él siempre aguanta. Para eso sirve. Elena sintió ganas de romper algo, pero Diego, todavía débil, solo pidió que apagaran la grabación. No necesitaba escuchar más. Llevaba meses viviendo con aquella verdad. Valeria negó el audio, culpó a Diego por grabarla y pidió hablar con él a solas. Diego se negó. —Durante años creí que salvar el matrimonio significaba trabajar más, pagar más y soportar más —dijo desde la cama—. Casi me muero intentando demostrarte que te amaba. Y tú aprovechaste cada esfuerzo para quitarme otro pedazo de vida. Valeria respondió que él también la había descuidado, que nunca tenía tiempo para viajar y que la hacía sentirse limitada. Diego la miró sin odio, pero sin la debilidad de antes. —Sentirte limitada no te daba derecho a robarme. El banco canceló la transferencia antes de que se completara. La empresa presentó una denuncia por el uso indebido de las cuentas y el hermano de Valeria tuvo que devolver otros movimientos que sí habían pasado. Para evitar un proceso más largo, Valeria firmó un acuerdo en el que renunciaba a cualquier participación en el negocio y aceptaba responder por parte de la deuda. El divorcio comenzó mientras Diego aún estaba en rehabilitación. Ella perdió el departamento pagado por la empresa, las tarjetas adicionales y la vida de lujo que había construido con dinero ajeno. Simplemente tuvo que vivir, por primera vez, con lo que realmente era suyo. Tras varias semanas de recuperación, Diego rentó un departamento pequeño cerca de la bodega. Tenía un sofá usado, una mesa que se tambaleaba y paredes vacías. Elena viajó desde León para ayudarlo a instalarse y le preparó caldo de pollo mientras él descansaba envuelto en una sudadera. —No me quedó mucho —dijo Diego, mirando el lugar. Elena puso el plato frente a él. —Te quedó la vida. Y esta vez nadie va a gastarla por ti. Meses después, Diego volvió a llamar a su madre a las 2:17, pero no era una emergencia. Quería contarle que había dormido 7 horas seguidas, que cocinó su propia cena y que llevaba una semana sin revisar con miedo los movimientos del banco. Elena sonrió al escucharlo recuperar poco a poco la voz que había perdido dentro de su matrimonio. Aquella noche comprendió que el amor verdadero no siempre llega con promesas enormes. A veces es una enfermera que insiste, un amigo que no abandona, una madre que protege sin pedir permiso y una llamada contestada cuando todo parece perdido. Diego no recuperó la vida que tenía antes. Recuperó algo mejor: una vida que por fin le pertenecía. ¿Creen que Diego hizo bien al no perdonar a Valeria, o piensan que ella merecía una segunda oportunidad después de enfrentar las consecuencias?